Es un hecho que el ser humano tiene dos capacidades innatas que van arraigadas a su persona desde que nace hasta que muere: la primera, la racionalidad; la segunda, la emoción. No es difícil entender que, en tiempos en los que la emoción temerosa prima por encima de todas las cosas, el resto de racionalidades y emociones tiendan a bloquearse un poco.
En este confinamiento hemos contemplado cómo muchos autores, personas que escriben (aunque sea a modo de hobbie) y demás aficionados y profesionales de la escritura, se han visto acorralados por el peor enemigo posible de un escritor o una escritora: el bloqueo. Así pues, ¿por qué la pandemia ha conllevado este parón de la inspiración en tantos? ¿Qué hacer para reanudarla?
A pesar de lo que se puede llegar a pensar, el arte ha sido una de las mayores vías de escapatoria de nuestros sentimientos y razonamientos sobre la realidad durante este confinamiento: las series, las películas, la pintura, la música, la lectura y la escritura han sido un colchón de consuelo para toda la emoción vibrante que acontecía más allá de nuestras puertas y que bombardeaba a nuestros corazones con tan sólo poner la televisión y escuchar; han sido demasiadas noticias de catástrofe para la primera de nuestras dos capacidades innatas. La racionalidad no entiende qué sucede y, por ende, las emociones tienden a relucir. Al contrario de lo que sucedería en otro tipo de circunstancias, aquí, la emoción es más negativa, hablando en términos de preocupación, ansiedad, insomnio, miedo…
Al igual que como seres humanos tenemos las capacidades de pensar y de sentir, dentro del sentir entra una de las mayores virtudes que poseemos: la empatía. Resulta complicado, así pues, ponerse a escribir una novela, una tesis, un poema o cualquier creación de carácter literario mientras tenemos de fondo un problema tan grande como es el COVID-19. Es posiblemente por la empatía por lo que tantos escritores y escritoras se encuentran de repente parados o frustrados ante un documento o libreta. Hay tanto en lo que pensar, tantas personas en las que depositar nuestra esperanza, tantas pérdidas, tanto futuro incierto, que la paralización de nuestras manos conectadas a la inspiración es mucho más que lógica. En este caso, entonces,
Como hemos mencionado anteriormente (cuando hablábamos de la empatía), hay otra gran facultad que tenemos y que no nos debe arrollar, sino ayudar: somos capaces de crear. La creación no debe de ser una enemiga, sino una compañera. Todo esto pasará, la inspiración volverá, nuestras creaciones saldrán a la luz y todo volverá a estar en su sitio. Mientras tanto, calma, aún quedan muchas cosas por vivir y por sentir. Por ahora, recuerda e imagina mucho, no te presiones, sé paciente contigo mismo/a y con tu labor de escritor/a y no te frustres: estamos viviendo una pandemia global, no un contrarreloj para ver quién es más productivo que otros.
Las palabras seguirán ahí para cuando tú quieras o tú puedas. Ellas no se irán a ningún lado sin ti.