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Editorial Circulo Rojo, 26 de noviembre de 2019

Violencia de género: Cómo escribir para concienciar desde jóvenes

A la hora de escribir sobre los problemas que existen en desigualdad y violencia de género a los que se enfrentan las mujeres hoy día, conviene tener presente que la base fundamental de este problema es tratar de concienciar de este desde muy jóvenes. Y por ello, si piensas en escribir sobre esta temática, ten en cuenta que lo más importante debería partir de la información de padres a hijos de este riesgo. La educación temprana nos ayuda a construir relaciones basadas en la igualdad y el respeto. Y por supuesto, es necesario normalizar los comportamientos y las actitudes para crear un correcto ambiente entre géneros.

En la pareja, todo es cosa de dos:

Cuando escribas, trata de empezar mediante unas ligeras líneas generales para conseguir transmitir los modelos de relaciones que estén basados en la igualdad. Como ya hemos mencionado con anterioridad, es primordial normalizar:

  • Trata el tema de criar los hijos como una obligación compartida, no le corresponde más a uno que a otro. Ninguno de los dos tiene que verse avergonzado de quedarse en casa y ayudar a los niños con los deberes.
  • En cuanto a las tareas domésticas, hay que tratar de dejar claro que nada tienen que ver con el sexo: cocinar, limpiar, planchar, lavar… todo es cosa de ambos, hasta el propio bricolaje del hogar. Cambiar una bombilla, colgar un cuadro, montar muebles…
  • Deja claros los roles de mujeres y hombres en la sociedad actual: en la jerarquía empresarial pueden ejercer los mismos puestos directivos, y merecen el mismo sueldo. Al igual que la misma responsabilidad en sus puestos.
  • La vestimenta tampoco puede ser un tema sexista que divida a ambos géneros; ni mucho menos, que humille o haga sentir mal a alguno de los dos.

 

En cuanto a las relaciones de pareja:

A la hora de abordar los temas ‘de relaciones’, es conveniente incluir sutiles matices como:

  • La violencia de género puede surgir incluso en personas jóvenes: son muchos los adolescentes que sufren este tipo violencia, y la mayoría no sabe distinguirlo. Puesto que las relaciones tóxicas cada vez logran camuflarse más en la actualidad. Son muchos los casos de literatura juvenil y adulta que se han visto criticados por tratar las relaciones machistas y tóxicas, camuflando este tipo de comportamientos.

Piensa que según el público al que vaya dirigido tu libro, puedes inculcar valores y moldear comportamientos. Tienes una gran labor por delante.

  • Mensajes claros sobre el maltrato, físico y psíquico… aunque luego venga el perdón. El amor es incompatible con el maltrato. No apliques el refrán “Quién bien te quiere, te hará llorar”.

Como personas humanas, es normal que a veces, en las parejas, existan diferencias. Sobre todo en la convivencia. Hay que distinguir entre los problemas típicos de comunicaciones, roces sanos, de las situaciones peligrosas. Si no se detiene a tiempo, los problemas se pueden agravar con el tiempo. Las discusiones nunca deben acabar en maltrato, de ningún tipo.

  • El respeto mutuo, fundamental en toda relación. Si no respetas a tu pareja, ¿por qué estás con ella? Se supone que una relación de pareja tiene que aportar a tu vida, nunca restar.

Si te aplicas esa regla a tu vida, hazlo también con lo que escribes.

 

Y si hablamos del agresor:

Llegado a este punto, si queremos tocar el tema de la figura del agresor, hay que tener muy claro el público al que va destinado tu texto. A lo mejor para los adolescentes sí se pueden describir con detalle algunos temas concretos. Sin embargo, si hablamos de un cuento infantil, no sería conveniente tocar ciertos temas.

Por ejemplo, centrando la atención sobre la figura del maltratador:

  • Explicar que la persona que agrede lo hace porque quiere, siente que puede hacerlo, pero que nunca hay que llegar a ese extremo.
  • El agresor lo hace porque muestra su poder, y agrediendo no se gana el respeto, todo lo contrario, porque está humillando constantemente a la persona agredida.
  • Si se llega a la agresión, la tensión del momento se complica aún más.
  • La víctima nunca deberá sentirse culpable ante la agresión de la otra persona. Uno u otro pueden ser los responsables, pero el fin último no es el maltrato.

 

Para acabar con esta figura, se puede terminar exponiendo que en momentos de ira o agresividad, el autocontrol de uno mismo es lo más importante, que todo se podrá solucionar de una forma u otra, y así se conseguirá un clima de serenidad y bienestar. Nunca es la víctima quien provoca la agresión: ni por sus comportamientos, forma de ser, actos…

 

Y para finalizar tu proyecto: recuerda que la base de todo radica en la educación recibida sobre la igualdad de género desde joven y, por supuesto, que no podemos trabajar con la teoría: todo conocimiento debe ser llevado a la práctica.

 

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